ArteBA 2007

Lorena Guzman participa de ArteBa 2007, la 16 Feria de Arte Contemporaneo de Argentina, ocupando un lugar destacado de la misma, uno de los 'Open Space' que arteBA estreno como modalidad expositiva en esta edición. Lorena Guzman trabajó en colaboración con el cineasta y escritor argentino Edgardo Cozarinsky en un proyecto ideado especificamente para la ocasión. A partir de una escultura central, 'Asterios', que representa un minotauro adolescente trepado a un árbol y espiando el horizonte, se creó un laberinto de paneles grises sobre los que un total de seis pantallas mostraban un video que Edgardo trabajó en base a la idea del laberinto asociado a la poética borgiana en torno a la ciudad de Buenos Aires, sus barrios y costumbres incluyendo el Tango.

Un minotauro adolescente, cuerpo de efebo, cabeza de toro atónito, escruta el laberinto, universo incomprensible cuyo centro ocupa.

Un escritor, prisionero de otro laberinto, a la vez escriptual e imaginario, avanza entre los detritus del Buenos Aires que lo ha formado: empedrado de las calles del sur, arcadas del bajo, esquina rosada de Palermo, puentes de sus paseos nocturnos, los ajenos rituales del tango, ese tigre que envidia y lo desafía, acaso el fantasma de su amor imposible por Estela Canto. Una vieja esquina del barrio de la infancia, recuperada, rescatada.

''En tu fin estará tu principio'' (Anaximandro).
Un moto perpetuo, sin salida.
Un laberinto en cuyo centro espera, blanco, impoluto, humano, demasiado humano, el minotauro.

Lorena Guzman - Edgardo Cozarinsky

Instalación de Lorena Guzman y Edgardo Cozarinsky
Por Graciela Taquini

El Arte contemporáneo retoma algunos mitos clásicos, ya sea Edipo, Prometeo o Sísifo, no para producir citas culteranas, sino con el propósito de volver a encontrar la vigencia de sentidos que sean pertinentes desde el aquí y el ahora.

Lorena Guzman y Edgardo Cozarinsky recrean la historia del Minotauro y el Laberinto. Juntos forman una dupla original integrada por un creador e intelectual, en la plenitud de su madurez, que esta vez asume el formato de video instalación. El universo creativo de Cozarinsky proviene del cine y la literatura. Se ha unido en este proyecto a una muy joven artista plástica, especializada desde hace unos años en escultura. Ambos se combinan para crear una instalación que obliga a un recorrido sinuoso. Dos voluntades para una puesta en escena y una puesta en relato. Una parte de la obra impone un espacio-tiempo que hay que recorrer sorteando obstáculos, y otra implica un rodeo ante un juego de llenos y vacíos, de rugosidad y tersura.

Edgardo Cozarinsky que alguna vez dijo ''Amo lo impuro'' concibe un camino de pantallas donde resuena un ensayo de orquesta con ecos de Borges, libros, escrituras. Buenos Aires está omnipresente, es un meandro de esquinas, empedrados, arcadas y puentes. Es también un reflejo en el abominable espejo retrovisor. ''Pero todo acontece y nada se recuerda en estos gabinetes cristalinos!

Borges esta omnipresente con su amor imposible, sus libros y sus tigres. Un tigre despierta, es una otredad que apela al espectador con la mirada, igual que los ojos vacíos del toro esculpido. Un universo se condensa en las páginas del Aleph. Todo es dinámico, fluye, pasa.

Y a la vez toda imagen representa una clave, un lenguaje cifrado, secreto.

Mientras se recorre el laberinto, el Minotauro se asoma a lo lejos. Al final se llega hasta el centro donde aparece un monstruo híbrido, de cuerpo núbil y gran cabeza de toro. Lorena Guzman ha realizado un Minotauro con pasado, con historia, un ser que tuvo una infancia, que alguna vez fue niño, que dibujo el plano del laberinto y que ahora se encuentra en plena pubertad. Falta mucho para ser vencido, su fin no esta próximo. Se plantea entonces la paradoja de que ese monstruo, futuro devorador de hombres y mujeres vírgenes, no posee un espíritu dionisíaco, sino apolíneo. Su enorme cráneo y su auténtica cornamenta se otean en el tránsito y su revelación, su epifanía, se encuentra inundada de la luz. El espectador, peregrino de sitios borgeanos, se tiene que detener ante el Minotauro, en una especie de condena no horripilante, sino engañosa, como la eterna juventud del cuerpo que representa o presenta, engañosa como la resina imitando el mármol. La fatalidad, que será finalmente superada por el hilo de Ariadna es sólo una elipsis.

Buenos Aires, o la casa de Asterión son prefiguraciones del universo. Si hay una arquitectura, si hay un orden no hay caos. El Destino posee un atajo, el pasado también.

Edgardo Cozarinsky y Lorena Guzman durante el armado de la instalción.

Edgardo Cozarinsky dirigiendo una secuencia de su video en el taller de Lorena Guzman.