CENTRO CULTURAL RECOLETA 2005
'MITOLOGIAS'

Llama profundamente la atención que en una etapa donde los artistas contemporáneos prueban y experimentan con nuevas técnicas, nuevos soportes y tecnologías, una pareja de jóvenes artistas, Lorena Guzmán y Gabriel Grün, se expresen con materiales y tecnologías que evocan estilos clásicos con un claro realismo e inspirados en temas que, por ser a veces ignorados en estos tiempos, suenan novedosos.
Si bien las imágenes tienen un fuerte componente erótico, respetan las tradiciones de los mitos encarnados por Medea, Narciso, Diana o Leda, entre otros.
La Fundación Alon, en su afán de incorporar a nuevos artistas al circuito del arte suma con esta muestra la posibilidad de participar de la producción de estos jóvenes creadores que manifiestan.
Ing. Jacobo Fiterman
Presidente Fundación Alon


Conocí a Lorena Guzmán y a Gabriel Grün hace unos meses en el Espacio Giesso, en oportunidad de una exposición de la obra de Lorena. Pocos días más tarde, Jacobo Fiterman me propuso curar una exposición en el Centro Cultural Recoleta que mostrará la última producción de estos jóvenes artistas. Fue así como nació "Mitologías", una selección de obras que abordan, bajo sus miradas y lenguajes personales y particulares, los mitos.
En su taller del Abasto recorrimos juntos la totalidad de su producción y charlamos largamente. La entrevista incluida en este catálogo resume los puntos más relevantes de aquella conversación y nos dan algunas llaves para aproximarnos a la poética de su obra.
Liliana Piñeiro
Curadora

MITOLOGIAS
LP: Cuál fue el punto de partida de esta serie de obras?
LG: Empecé a trabajar estas esculturas como una vuelta a los referentes clásicos que yo más admiraba. Así cambió tanto el tema como la factura de mi obra. Pasé de tratar motivos muy autorreferenciales, que tenían que ver mucho con mi historia personal, a estas narraciones mitológicas, donde el significado se expande.
GG: Los mitos fueron impregnando mi obra poco a poco, y su distintivo mecanismo simbólico, su sistema significativo, me resultaba cada vez más orgánico, más integrado a mi manera de trabajar. Esto es quizás porque los relatos míticos son en realidad muy libres, ponen en cuerpos ideas y sensaciones muy profundas.
LP: Cuál es la indagación esencial en ellas?
LG: La niñez, los roles que aprendemos a actuar y que nos constituyen. Mis niños están jugando, representando una tragedia pero, por ser niños, también hay algo de inaugural en cada una de sus acciones. El principio de la vida es como el principio de un mundo. Los primeros sufrimientos… nadie nos enseña a llorar, ni a reír.
GG: Responden para mí en primer lugar a una sensación. Una obra puede surgir de la torsión de un brazo, de un torso que requiere ciertos atributos para ser más que un torso, de un color… La designación final de un nombre, de una distintiva figura mitológica, no es esencial a la obra. Mis pinturas no son ilustraciones de los mitos. A pesar de esto, cada vez el marco mitológico se siente más natural. Cillaro e Hilonoma, por ejemplo, responde en forma bastante literal al mito, pero falta el contexto de la batalla de centauros, que debería verse al fondo. Tiendo a realizar una síntesis icónica del motivo.
LP: Se nutren de fuentes clásicas y referentes de la historia del arte?
LG: En mi caso es un homenaje a los grandes escultores clásicos como Gian Lorenzo Bernini o Antonio Canova, desde la forma escultórica.
GG: Es imposible no tener en mente las obras que uno admira, sobre todo si estás inmerso en temas tratados mil veces. Entre cristianismo y mitología clásica, acapararon casi todos los motivos del arte occidental.
LP: Cuáles?
LG: La temática mitológica en general surge más que nada de una búsqueda por representar imágenes que me resultan interesantes de obras de Grandes Maestros, aunque no necesariamente escultores, como Alma-Tadema, Antonio López, Boucher, Millais, Waterhouse entre muchos otros.
GG: Al pintar sin duda tengo en mente a Bosch, Brueghel, Dürer, Baldung Grien… es más, tengo una taza de café de Dürer.
LP: Por qué los mitos?
LG: Me interesa lo teatral del mito, la interacción entre los personajes y el final en forma de moraleja.
Por eso, lo tomo libremente sin detenerme en algunos detalles que pueden ser más representativos de cada historia, sólo si un mito es disparador de una imagen plástica interesante en mi cabeza se convierte en escultura.
GG: Explican todo, cualquier mitología que tomes. Es reconfortante que te den una explicación para las fuerzas contradictorias que rigen la vida. Cualquier cosa que pinte que no sea un estudio, que pretenda un sentido más allá de lo cotidiano, empieza a ladearse hacia un esquema arquetípico, como letras a un abecedario, y, como abecedarios a las lenguas, los arquetipos se van colocando en sus familias míticas.
LP: Qué rol juega el erotismo?
LG: Al reducir la escala de edades, lo sexual, presente en casi todos los mitos greco-romanos, sólo puede asumir el sentido de descubrimiento, de la propia identidad y los límites del cuerpo. Lo erótico se podría traducir al ámbito de las sensaciones nuevas.
GG: Parto de lo que produce el cuerpo en mí. No puede dejar de haber sentimiento. No podría trabajar desde el desapego. Por eso en general no hago estudios, en los que se pretende analizar fríamente la figura, sino siempre bocetos de algo, aunque muchos no terminen en una obra.
LP: Y lo tanático?
LG: Aparece en personajes secundarios. Hay animales que acompañan a las figuras y tienen la languidez de la muerte, y creo que también son eso, objetos del descubrimiento, sirven para comprobar la existencia de la muerte en otro. Son animales y no humanos porque mis esculturas tienen un solo protagonista, para cada niño no hay nada más especial que él mismo.
GG: La muerte sólo está presente en forma de sufrimiento, pero podés sufrir si estás vivo, así que no, no hay mucho lugar para ella (quizás sí para su hermano gemelo, Hymnos, el Sueño). Además el final de una vida es el final de una historia, y solamente es expresivo por las marcas que deja en los vivos.
LP: Y lo onírico?
LG: No tiene un papel muy importante.
GG: Hay algo de onírico en la atmósfera que busco, quizá por respeto a esa primera visión que desencadena la pintura y que tiene que ver con esa diferencia que ya marqué entre un estudio y una obra, en la que se busca transmitir algo más allá de la técnica… soy muy clásico, hasta en cómo pienso el rol del artista. El sueño es comparable al mito en que es un espacio simbólico, sin definiciones tajantes.
LP: Y la pasión?
LG: No me identifico con la imagen del artista que crea en un arrebato de inspiración… quizá porque la escultura lleva tantos pasos. Soy muy sensible, pero la pasión, en su interpretación romántica, no es la que hace las buenas obras.
GG: Sin ella no habría obra, en mi caso. Aunque para llegar a donde quiero hay que balancear pasión y autodisciplina. Tenés que ser un terco. Las exigencias técnicas requieren que planees todo bien, porque sabés que va un fondo primero, que demora dos días en secar, que en un pie vas a tardar lo que sea necesario que tardes… para eso es indispensable que no mengüe el interés original, es como perder día a día un poco el foco, y forzarse a ajustarlo todo el tiempo. Igual la obra terminada siempre resulta diferente en algo a lo que invadió la cabeza en principio, y eso es evidente en los bocetos.
LP: Hacia dónde tiende este universo de mitos, símbolos, imágenes y metamorfosis?
GG: Mejor no saber. Por ahora puedo decir que intento no forzar nada. Si no tengo una idea, o si tienen poca fuerza, prefiero no trabajar. Intento sinceramente, no empezar un laburo si no estoy completamente involucrado, quiero siempre sentir lo último que estoy haciendo como la proa de un barco, en respuesta a que representa mi presente.
LP: Los fondos y la luz juegan un papel relevante en tus obras, cómo surgen?
GG: Desde la técnica parto del negro, aunque haya un paisaje. Me desconcentra menos. Desde hace un tiempo estoy dándole una luz más dirigida, con más sentido, a mis figuras. Bocetando te das cuenta que es una parte importantísima del lenguaje plástico, manejar las penumbras, te puede cambiar todo… igual creo en general que no salgo mucho del tenebrismo, me encanta Caravaggio, pero más Rivera.
LP: Cuál es el grado de libertad al momento de producir estas obras?
LG: Así como un artista no tiene necesariamente que saber como desarrollar un texto crítico sobre su obra, el público no tiene obligación de conocer todos los mitos para poder apreciar una pintura o una escultura que los represente. Hay obras que todo el mundo conoce, que están colgadas en los grandes museos del mundo e incluyen referencias mitológicas puntuales, que siguen deslumbrando por igual al que conoce y al que no conoce su trasfondo. Ese criterio usé para trabajar en esta serie. Aunque el que sabe corre con ventaja para captar algo más de la obra, cabe recordar que muchos de los mismos artistas que supieron tratar estos temas no tenían un conocimiento profundo de mitología, y muchos pasajes y personajes eran lugares comunes, referencias propias de un código simbólico manejado por una parte muy grande de la sociedad.
GG: Es raro el tema de la libertad. Pienso que cuando uno se ocupa demasiado en obtener libertades artísticas, en inventar nuevos discursos, nuevas formas, en demostrarse cuán fresco es su quehacer, menos manejo tiene de su lenguaje. Es como una de esas leyes de la física en las que no se puede conocer la velocidad y posición de una partícula al mismo tiempo. Me di cuenta que no era necesario despreciar los métodos y lenguajes que uno admira, a la hora de plantearse una creación propia. Si uno se pone una manzana adelante y toma los pinceles, igual es libre. Transmitir algo que sea relevante no quiere decir tener que sacar los temas del diario. Los temas son, en esencia, siempre los mismos.
LP: Quiénes son los modelos, por qué? Quién esperas que sea el modelo?
LG: Mis modelos para esta serie son dos niños de entre 8 y 11 años. Quiero que mis personajes transmitan cierta inocencia con respecto al papel que están interpretando, que sean totalmente inconscientes del trabajo que están haciendo.
GG: Mis modelos hemos sido invariablemente Lorena y yo mismo. Es mi cotidianidad, y no lo veo como una limitación. En relación con la libertad de la que hablábamos, trabajar dentro de un marco ayuda a concentrar las energías. Además, como no soy hiperrealista, mis figuras terminan siendo siempre distintas, el modelo es un punto de partida solamente. No sentiría natural en este momento tomar a cualquier persona que no conozca como modelo, lo que pinto surge de lo que conozco.
LP: Son autorretratos, autorreferencias, indagaciones?
GG: Bueno, en relación con lo antedicho, son más autorreferenciales, la similitud no la busco hasta el extremo, es más como una base para trabajar. Esto es porque las figuras son simbólicas, y viven en un tiempo mítico, donde son posibles sus metamorfosis.
LP: Por qué la presencia casi obstinada de cuerpos jóvenes y bellos?
LG: Los niños son un desafío, con respecto al modelado, y la interpretación que yo hago de los mitos, me fuerza a recurrir a ellos. Estoy en una búsqueda de experimentar con estados más extremos del cuerpo en obras posteriores. Modelar el cuerpo de un niño es complicado porque tienen una estructura ósea delicada al tiempo que partes fláccidas. Por algo en la historia del arte, durante mucho tiempo, no se pintaron niños muy creíbles.
GG: Ahora me convendría decir que sí son autorretratos muy similares a la realidad! La verdad es que la pintura tiene sus propias leyes, y su propia belleza, la cual contagia al motivo. Los temas que me vienen interesando involucran figuras juveniles, pero intento que mi mirada sea al mismo tiempo sensible y analítica, quiero ver el cuerpo sin preconceptos. Al modo de mis admirados flamencos, me deleito en los pliegues de una mano, de un cuello, sin pensar si corresponde o no con determinados cánones.
LP: En qué punto se encuentra lo sagrado?
LG: No en el mito. La referencia que tomo es solamente plástica. Me interesa la expresión de las figuras más que una asociación mística, el sujeto me llama aunque provenga de una leyenda y no de un mito propiamente dicho.
GG: En la pintura terminada, cuando te das cuenta de que hiciste algo que no vas a poder repetir. Crear te hace participar de lo divino, y el único sentido de lo sagrado está en la emoción de percibir la palpitante singularidad de estar vivo.
LP: Dónde está el límite del/ lo/ el otro?
LG: Todo lo que hago pasa para mí y no para los demás, aunque parta de relatos conocidos. Tiene que ser así para no comprometer la creación. Yo armo todo este escenario, esta puesta petrificada, y después puede venir alguien a verla y a interpretarla. El límite es natural, es el que existe, y hay que saber reconocerlo para desarrollar una especie de patio interno donde jugar con los significados en libertad.
GG: Dentro de uno mismo. Ahí, uno traza sus fronteras. En verdad se trata de un balance pendulante entre la necesidad de estar solo y de comunicar. Ya que si no se está solo lo suficiente, no habrá nada que comunicar.
