Pliegos de Arte

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Lorena Guzmán: Renace el Renacimiento

por Alfredo Cernadas

Como siempre, no sobran las exposiciones de escultura. Y, aunque hubiera cantidad, igual se destacaría El amor según Lorena. Pues esta joven menuda y pelirroja realiza las obras más asombrosas, haciendo que la resina y el poliester se vean como el mármol níveo con el que Bernini y Canova hicieron sus esculturas maravillosas. Lorena Guzmán tiene mucho en común con esos maestros: impecable sentido de la proporción, expresiones vívidas, superficies sedosas, atención minimalista al detalle, dominio de la proporción humana, técnica sin fallas, alma poética.

Aunque ama la mitología clásica, recrea sus personajes de una forma totalmente singular, con toques de humor negro no exentos de perversión. También puede volverse a lo truculentamente trágico, Eros y Thanatos comparten la atención, igual que la transgresión y la pureza. El contraste de la serenidad de sus obras y ese toque siniestro no deja de sorprender e inquietar al observador sensible, por mucho que admire esas creaciones.

En esta muestra Guzmán también vira hacia lo grotesco, que acenta su carácter dando el cuidado afectuoso que la artista derrocha en la realización de cada pieza, como si hubiese tallado un dios. Y eso hace más notable su desagradabilidad, como en Bacco su Tartaruga:un hombre obeso,, petulante, fofo, montado en una gran tortuga de Galápagos que avanza pesadamente. Pero no se puede dejar de admirar las texturas, la atención al detalle. Esta es aún más notable en las ramitas y capullos que cubren el cuerpo virginal, adolescente, de Flora, la diosa de las flores.

La sensualidad está siempre presente en la obra de Guzmán, como en Narciso, un jovencito que luce una potente erección, tal vez recordando su reflejo en el agua de algún estanque. La búsqueda por la otra mitad perfecta está representada por Hermes y Afrodita, unidos por sus cabezas, como hermanos siameses. Hermes se manosea los genitales mientras ella claramente goza chupando un dedo del joven, ilustrando, tal vez, la armonía entre cuerpo y mente.

El humor también se hace presente en Galatea, recordando el elaborado cuadro de Rafael. Pero, en este caso, la ninfa es otra adolescente y la concha en la que llega es tirada por delfines de plástico inflables. Otra muchachita, esta vez Judith, medita sentada en el suelo, mientras que, entre sus piernas, descansa la cabeza recién cortada de Holofernes. La vigorosa imagen masculina y joven del Minotauro ofrece otro contraste más. En suma, una muestra espléndida. Y no olvidemos la muy buena presentación de catálogo de Laura Batkis, que evita la prosa críptica y farragosa que se lee en tantísimas otras publicaciones ad hoc.